¡Volvemos pronto!
SOBREGUARENES
Literatura Rock a la vena!
julio 20, 2010
noviembre 28, 2009
Lapsus
Estamos afilando los incisivos.
Pronto, SOBREGUARENES volverá con más.
Quédense en sintonía, beba cerveza y páselo bien.
SG team.
octubre 04, 2009
Verónica
Carlos soltó la copa. Ésta rodó media habitación hasta los pies descalzos de Verónica, cesando allí el murmullo chirriante del cristal sobre la madera. Carlos se desplomó rebotando sobre el suelo, rompiéndose la nariz. Andrés, tras él, reprimió un grito, exhaló un susurro ahogado y retrocedió torpemente, alejándose del umbral de la habitación. Bajó las escaleras de dos saltos y escapó por la puerta principal, subió a la camioneta a penas coordinando las piernas y aceleró en cuanto pudo.
El arranque desesperado de la camioneta escarlata alertó a Joaquín y a María, vecinos que a esas horas de la noche solían pasear a su perro pastor alemán por toda la manzana, justo antes de dormir. Impactados por la escena sucedida frente a ellos, y movidos por la curiosidad, se acercaron a la puerta de la casa de Verónica y Carlos, la que cedió ante un leve empujón, revelando la penumbra y quietud del interior.
El pastor alemán fue el primero en entrar, con la lengua afuera y lleno de alegría guiaba el camino de sus amos, pero su temple cambió a penas olfateó la atmósfera densa y fría que parecía arrastrarse escalera abajo desde el segundo piso. Dando saltos y empujando con fuerza, logró librarse de la mano entonces descuidada que sujetaba la cadena que rodeaba su pescuezo. Subió las escaleras tan desesperado, envuelto en ladridos y jadeo, que Joaquín y María se estrecharon en un abrazo instintivo en el que buscaron resguardo. Más cuando un viento frío caló sus ropas y la puerta por donde entraron se cerró de golpe tras ellos. Por un momento, parecieron inmiscuirse en la misma atmósfera que la de su mascota, por un momento, compartieron la misma preocupación.
El perro ascendió y, en una confusión y golpeteo de patas sobre la madera ancestral, giró no más que respondiendo a su olfato y entró a la primera puerta que estaba frente a él. Un nuevo soplido, más fuerte y frío que el anterior, logró tensionar más el abrazo de Joaquín y María, cuando un golpe seco, como un filo estancándose en un árbol grueso, acabó con el ladrido incesante, ladrido que en toda aquella acción no había dejado de reproducirse cada vez con mayor intensidad y menor pausa. Un último chillido del animal como un grito prisionero pidiendo ayuda, y otro golpe, esta vez húmedo, resbaladizo, y nuevamente el silencio exasperante.
agosto 21, 2009
Martín
-Acá tengo la comida, el baño, un sillón cómodo, televisión, estufita y no pago ni un peso. Además, la María me viene a ver en cada ventana que tiene. Es súper estudiosa. El espacio es grande, no me quejo. Recibo visitantes todo el tiempo, a veces es fome porque me cambian la tele, incluso cuando voy al baño me quitan el asiento, como que les atrae el lugar.
"He notado un par de de personas que vienen con frecuencia, se sientan al frente mío y cuchichean cosas y se ríen. No creo que se rían de mí, no pretendo que piensen que soy un perseguido, pero igual es un poco molesto.
"No, yo no estudio, no soy de acá, por eso siempre ando con mi maleta y mi mochila, si la situación lo requiere y debo cambiarme de lugar -aunque odiaría eso, amo este lugar- puedo salir y llevarme mis cositas sin esforzarme demasiado.
"Lo único malo es que no tengo el control remoto y la tele no se ve muy bien, a veces ni la veo, la enciendo para sentir un ruido solamente, así no me siento tan solo. Lo otro malo del lugar, es que no tengo la ducha, tengo que caminar mucho para llegar a las duchas.
"Sí po', en la noche es complicado porque cuando empiezan a cerrar me tengo que ir a esconder atrás del basurero, luego apagan las luces y cierran la puerta. Ahí me quedo yo. La María me llama para decirme buenas noches y me manda 'besitos de manzanita', así les dice, jaja.
"Posiblemente algún día me vaya definitivamente, aunque no quiero, la vida aquí es muy buena.
"No creo que sea el único que vive así, quizás cada restaurante, cada casino, cada picada, tiene su guarén, yo soy el guarén del casino de la Ufro. Tratamos de pasar inadvertidos, aunque la gente igual nota nuestra presencia. "Este lugar tiene ratas", dicen.
agosto 12, 2009
Clemencia
Sus párpados se transformaron en lágrimas que en complicidad con la lluvia convertían en barrial la posada de cadáveres. La Clementina, acurrucada en sus hombros, ocultaba su rustro entre sus mechas tiesas, la niña casi mujer no delataba su tristeza, pero su dolor se intuía en el aire cuando regalaba una mirada al curita del pueblo tratando de escuchar esas palabras indescifrables que encomendaba el alma de su padre al padre.
Parada en la orilla de la tierra abierta donde un par de tipos feos enterraban el cuerpo de su taita a punta de pala, ella sólo escuchaba el estrépito de su nariz conteniendo su infelicidad, queriendo en silencio que esas viejas zorras que estaban a su espalda dejaran de cantar esas canciones y se fueran. Es más, quería que todos se fueran del lugar, a pesar de la pequeña compañía, quería estar completamente sola. Sin los viejos de las palas, sin las viejas cantadoras y sin el ruido del viento silbando entre las cruces de mármol, quería estar sola con el cuerpo de su padre.
Clemencha, hija venga pa’ acá. Si quiere llorar llore, no oculte su carita.
Ahora su papito esta en las manos de dios.
Cuando allá se pase la lista, cuando allá se pase la lista yo estaré – el coro de viejas secas proclamaba su falsa pena, sólo por un afán de exageración – Mientras tanto yo deseo, Trabajar por el Señor, Comportarme cual soldado bueno y fiel.
La niña no mostraba reacción alguna ante las palabras de la mujer, sola y cabizbajamente seguía su llanto constante y silencioso, hasta que de un salto desenterró los bototos negros que calzaba y caminó donde uno de los tipos que paleaban el hoyo que guardaba la tumba. Extendió su brazo sin palabra alguna y clavando una mirada fría en uno de ellos arrebató con una fuerza masculina su pala. Arremangó su vestidito negro dejando ver su pálida piel de adolescente y con un leve movimiento de cuello, acomodó sus mechas a un lado detrás de uno de sus hombros. Clavó con fuerza la pala en la tierra.
Las miradas atónicas de los presentes se transformaron en expresiones de miedo, los cantos casi apocalípticos se han acabado, todos se miran con pavor pero sin hablar, apenas respirar, ahora, por primera vez, las cantoras sienten pena y dolor, hasta intentan llorar de verdad, la niña tapaba la tumba de su padre con sus propias fuerzas entre gritos y movimientos de desesperación, como era obvio, nadie intentó frenarla puesto que a nadie le importaba nada en este pueblo. Quepe no era el Edén.
La musitada desesperación de la niña gatilló un acto ayuda entre los asistentes, un hombre anciano, el dueño de la pala, se abalanzó sobre la Clementina, y abrazándola por la espalda y susurrándole al oído palabras que al parecer la muchacha no racionaba producto de su descontrol, intentó detenerla logrando sólo romper su propia boca y cubrir con sangre parte del virginal rostro de la muchacha que ahora era una bestia.
Desenredó con fuerza los brazos del hombre y una vez libre corrió entre las tumbas del cementerio. Las hojas que flotaban se abrían paso haciendo un túnel que conducía al camino. Sin pensar dirigió sus pasos a donde estaban pastando los caballos de algunos de los trabajadores, con el pié en el estribo, sentase con las piernas abiertas doblando su falda. Tomó las riendas, golpeo las costillas del animal y cabalgó rápido. Sus ojos eran color venganza y el patrón de su padre los iba a mirar de frente.
julio 23, 2009
Raúl
-Actualizado: Estrenando dibujo y dibujante fija al staff de SG. Ya vendrán más detalles.
-Me cae re mal ese hueón.
La Jose me mira con cara de "este hueón no aprende".
-¿Por qué te cae tan mal?
-Se metió con mi mina.
-Dirás... con tu ex.
-Terminamos ayer.
-Eso lo hace tu ex.
La Jose me cae bien, dice lo que piensa.
-Sigue siendo mi mina.
-OK ¿Se metió con tu ex entonces?
-¿Por qué te cae tan mal?
-Se metió con mi mina.
-Dirás... con tu ex.
-Terminamos ayer.
-Eso lo hace tu ex.
La Jose me cae bien, dice lo que piensa.
-Sigue siendo mi mina.
-OK ¿Se metió con tu ex entonces?
El pasto bajo nosotros comienza a helar; será el clima o que este parque ya no significa lo mismo para mí.
-Sí, lo hizo.
(Sabes que no es cierto. Al contrario: tú la engañaste... y varias veces).
-Mal. Pero sigue siendo extraño viniendo de tu ex... ¿Cómo fue la situación?
-¿A qué te refieres con cómo fue la situación? Se la comió, esa fue la situación.
-Ya, OK. Pero ¿Dónde? ¿Cómo se conocían?
-Ni idea de cómo se conocían, pero atinaron.
-¿Dónde?
-En una fiesta.
-Pero... ¿Fue sólo un beso?
(Muy buena onda será esta mina y amiga tuya, pero su capacidad para apoyar a las mujeres por sobre las cagadas que se mandan me descontrola).
-Sí, ya te dije que se la comió.
-Hueón, en una fiesta todos se comen a todos. Ayer fui a la del Camilo, me comí al Jorge y hasta al mismo Camilo. Igual estaba ebria y había harta gente, pudieron ser más.
(Puta)
-Ya, pero estábamos pololeando y...
-"...y eso no se hace" –Me lo dice de la forma más odiable que pudo encontrar, marcando las comillas con los dedos y todo.
(Hueón, déjate de mentir. Tu ex era una santa, nunca te cagó. Lo sabes bien)
-Sí "se hace" -Le respondo marcando las comillas también, se las devuelvo- de hecho, lo hizo. No debió, a eso me refiero.
-Hueón, es normal que una mina quiera explorar con más minos, hasta con minas, hoy en día.
(Muy "normal" y hasta "común" podrá ser, pero no lo compartes. Además, odias la palabra "explorar". Responde)
-Lo dices por que eres española. "Si todos saben que las españolas son medio putas y liberales".
-Hueón, por última vez, nací en España pero crecí en Santiago. Digo más la palabra "hueón" que tú: Soy chilena.
(En todo caso, le hacías un favor: tú mismo preferirías ser español)
-La hueá es que se la comió. -Prosigo.
-Media hueá.
-Recuérdame no pololear nunca contigo, por favor. No me gustaría que me cagaras... tanto.
-Nunca pololearía contigo, no te preocupes. Pero igual podemos tirar, si quieres. Estás rico.
(Puta)
-Le quiero pegar.
-¿A quién?
-Al hueón po.
-¿Por qué? -Me pregunta alarmada.
-Porque se comió a mi mina.
(Hasta cuándo sigues con eso, si el que se la cagó fuiste tú. ¿Será que mientes para tener una razón para poder desahogarte de tus cagadas golpeando a alguien? ¿Aunque sea una razón falsa?)
-Ex. -Me replica.
-Era mi mina cuando se la comió.
-Esperaba más de ti. Momento ¿Por eso estamos aquí?
-¿Aló? Es la plaza más cercana al liceo, debe estar por salir de clases. Creí que te lo habías imaginado ya, o sea, también esperaba más de ti...
-No seré parte de esto.
La Jose se para y se va. Siempre lo hace cuando algo no le parece, no se queda a rebatir ni a luchar, se lava las manos. Aunque no creo poder culparla: a mí tampoco me gusta hacerle frente a peleas ajenas.
Sigo sobre el pasto. Esperando pero no por mucho más. Es la hora. Comienzan a salir de a poco. Veo minifaldas cubriendo piernas jóvenes y hermosas. Distingo a una que otra conocida y desvío la mirada, no quiero que me joteen. Siento que alguien se acerca por mi espalda. Llevo la cabeza hacia atrás y diviso, justo en frente, bajo una corta falda estudiantil, unas piernas y un calzón con ositos que conozco. La Carla.
(Tu ex)
-¿Y tú, qué haces aquí? –Me lo pregunta tan tiernamente que la quiero golpear.
Se ve igual de hermosa y tirable que siempre. Está en cuarto medio pero la hice mujer hace bastante. Sigo viendo sus piernas, depravadamente, hasta que se percata y se aparta, arrodillándose a mi lado.
-Ya po. ¿Qué haces aquí? -Insiste, exigiendo explicaciones que no le corresponden, como la chiquilla malcriada que es.
-Hago lo que se me plazca. ¿Qué haces tú aquí?
-Espero al Benja. -Me responde después de una pausa que duró demasiado.
(¿Al hijo de puta que estás esperando? ¿Por qué ella tendría que esperarlo a él?)
-Al... ¿Benja?
-Sí. -Baja la mirada apenada-. Hay algo que debo confesarte, en realidad.
-¡Pues hazlo! -Es inevitable el descontrol.
-Es que es difícil. Me he estado viendo con el Benja... desde hace meses.
(Implosión humana. Te deshaces, te derrumbas. Duele)
-¿Desde cuándo? –Pregunto, sin creérmelo aún.
-Desde la fiesta de la Coté, la que te conté la otra vez.
-Sí, lo hizo.
(Sabes que no es cierto. Al contrario: tú la engañaste... y varias veces).
-Mal. Pero sigue siendo extraño viniendo de tu ex... ¿Cómo fue la situación?
-¿A qué te refieres con cómo fue la situación? Se la comió, esa fue la situación.
-Ya, OK. Pero ¿Dónde? ¿Cómo se conocían?
-Ni idea de cómo se conocían, pero atinaron.
-¿Dónde?
-En una fiesta.
-Pero... ¿Fue sólo un beso?
(Muy buena onda será esta mina y amiga tuya, pero su capacidad para apoyar a las mujeres por sobre las cagadas que se mandan me descontrola).
-Sí, ya te dije que se la comió.
-Hueón, en una fiesta todos se comen a todos. Ayer fui a la del Camilo, me comí al Jorge y hasta al mismo Camilo. Igual estaba ebria y había harta gente, pudieron ser más.
(Puta)
-Ya, pero estábamos pololeando y...
-"...y eso no se hace" –Me lo dice de la forma más odiable que pudo encontrar, marcando las comillas con los dedos y todo.
(Hueón, déjate de mentir. Tu ex era una santa, nunca te cagó. Lo sabes bien)
-Sí "se hace" -Le respondo marcando las comillas también, se las devuelvo- de hecho, lo hizo. No debió, a eso me refiero.
-Hueón, es normal que una mina quiera explorar con más minos, hasta con minas, hoy en día.
(Muy "normal" y hasta "común" podrá ser, pero no lo compartes. Además, odias la palabra "explorar". Responde)
-Lo dices por que eres española. "Si todos saben que las españolas son medio putas y liberales".
-Hueón, por última vez, nací en España pero crecí en Santiago. Digo más la palabra "hueón" que tú: Soy chilena.
(En todo caso, le hacías un favor: tú mismo preferirías ser español)
-La hueá es que se la comió. -Prosigo.
-Media hueá.
-Recuérdame no pololear nunca contigo, por favor. No me gustaría que me cagaras... tanto.
-Nunca pololearía contigo, no te preocupes. Pero igual podemos tirar, si quieres. Estás rico.
(Puta)
-Le quiero pegar.
-¿A quién?
-Al hueón po.
-¿Por qué? -Me pregunta alarmada.
-Porque se comió a mi mina.
(Hasta cuándo sigues con eso, si el que se la cagó fuiste tú. ¿Será que mientes para tener una razón para poder desahogarte de tus cagadas golpeando a alguien? ¿Aunque sea una razón falsa?)
-Ex. -Me replica.
-Era mi mina cuando se la comió.
-Esperaba más de ti. Momento ¿Por eso estamos aquí?
-¿Aló? Es la plaza más cercana al liceo, debe estar por salir de clases. Creí que te lo habías imaginado ya, o sea, también esperaba más de ti...
-No seré parte de esto.
La Jose se para y se va. Siempre lo hace cuando algo no le parece, no se queda a rebatir ni a luchar, se lava las manos. Aunque no creo poder culparla: a mí tampoco me gusta hacerle frente a peleas ajenas.
Sigo sobre el pasto. Esperando pero no por mucho más. Es la hora. Comienzan a salir de a poco. Veo minifaldas cubriendo piernas jóvenes y hermosas. Distingo a una que otra conocida y desvío la mirada, no quiero que me joteen. Siento que alguien se acerca por mi espalda. Llevo la cabeza hacia atrás y diviso, justo en frente, bajo una corta falda estudiantil, unas piernas y un calzón con ositos que conozco. La Carla.
(Tu ex)
-¿Y tú, qué haces aquí? –Me lo pregunta tan tiernamente que la quiero golpear.
Se ve igual de hermosa y tirable que siempre. Está en cuarto medio pero la hice mujer hace bastante. Sigo viendo sus piernas, depravadamente, hasta que se percata y se aparta, arrodillándose a mi lado.
-Ya po. ¿Qué haces aquí? -Insiste, exigiendo explicaciones que no le corresponden, como la chiquilla malcriada que es.
-Hago lo que se me plazca. ¿Qué haces tú aquí?
-Espero al Benja. -Me responde después de una pausa que duró demasiado.
(¿Al hijo de puta que estás esperando? ¿Por qué ella tendría que esperarlo a él?)
-Al... ¿Benja?
-Sí. -Baja la mirada apenada-. Hay algo que debo confesarte, en realidad.
-¡Pues hazlo! -Es inevitable el descontrol.
-Es que es difícil. Me he estado viendo con el Benja... desde hace meses.
(Implosión humana. Te deshaces, te derrumbas. Duele)
-¿Desde cuándo? –Pregunto, sin creérmelo aún.
-Desde la fiesta de la Coté, la que te conté la otra vez.
(¿La fiesta donde le inventaste a la Jose que el Benja se había comido a la Carla? De verdad sucedió. La mezquina mentira se ha convertido en una verdad devastadora ¿Cómo te sientes ahora?)
-Es que me tienes que estar hueveando. -Le replico, víctima de una risa nerviosa que no logro disimular.
-No. Sé que no fui honesta contigo. Pero, no sé. Es un buen tipo, y desde esa fecha que entre tú y yo estábamos teniendo problemas.
-¿Y qué? ¿Tratas de decir que me lo merecía a caso?
(Una teoría interesante)
-No, no pienses así... Simplemente, no resultó, es todo. -Me "aclara"-. Ahora quiero estar con él.
No alcanzo a escuchar lo siguiente que me dice, no me bastan sus palabras: quiero ver sangre correr, sangre enemiga, para algo me ejercito, para algo soy bueno: para repartir golpes a quien se los merece.
Me levanto, a lo lejos veo acercarse al hijo de puta que próximamente será descuartizado por mí.
La Carla se levanta desesperada y me pregunta qué haré.
-Lo que venía a hacer: Una estupidez. -Le respondo-. Pero ahora justificadamente.
(No solemos llevarnos bien tú y yo, pero te apoyo. Hay que golpearlo. Aunque este tonto arreglo de cuentas no valga para nadie más que para ti)
El Benja se acerca, está sólo. Logra contacto visual con la Carla, se hacen señas. Él apresura el paso, sin darse cuenta de mi presencia. Lo espero tranquilo. Dejo que avance a un lado mío y le dejo caer un manotazo en el pecho que lo obliga a retroceder varios pasos. Me mira desconcertado, algo afligido por el golpe.
-Tú eres... ¿Raúl? -Me reconoce. Sus facciones mutan volviéndose cada vez más frías.
No hay necesidad de responder. Llevo mi derecha, lo más fuerte que puedo, directo a su rostro, pero el infeliz me esquiva de lleno.
Me observa, en silencio, aún con duda.
-Raúl. Para ¡Te estás aprovechando! -Me grita la Carla mientras se acerca.
-Es que me tienes que estar hueveando. -Le replico, víctima de una risa nerviosa que no logro disimular.
-No. Sé que no fui honesta contigo. Pero, no sé. Es un buen tipo, y desde esa fecha que entre tú y yo estábamos teniendo problemas.
-¿Y qué? ¿Tratas de decir que me lo merecía a caso?
(Una teoría interesante)
-No, no pienses así... Simplemente, no resultó, es todo. -Me "aclara"-. Ahora quiero estar con él.
No alcanzo a escuchar lo siguiente que me dice, no me bastan sus palabras: quiero ver sangre correr, sangre enemiga, para algo me ejercito, para algo soy bueno: para repartir golpes a quien se los merece.
Me levanto, a lo lejos veo acercarse al hijo de puta que próximamente será descuartizado por mí.
La Carla se levanta desesperada y me pregunta qué haré.
-Lo que venía a hacer: Una estupidez. -Le respondo-. Pero ahora justificadamente.
(No solemos llevarnos bien tú y yo, pero te apoyo. Hay que golpearlo. Aunque este tonto arreglo de cuentas no valga para nadie más que para ti)
El Benja se acerca, está sólo. Logra contacto visual con la Carla, se hacen señas. Él apresura el paso, sin darse cuenta de mi presencia. Lo espero tranquilo. Dejo que avance a un lado mío y le dejo caer un manotazo en el pecho que lo obliga a retroceder varios pasos. Me mira desconcertado, algo afligido por el golpe.
-Tú eres... ¿Raúl? -Me reconoce. Sus facciones mutan volviéndose cada vez más frías.
No hay necesidad de responder. Llevo mi derecha, lo más fuerte que puedo, directo a su rostro, pero el infeliz me esquiva de lleno.
Me observa, en silencio, aún con duda.
-Raúl. Para ¡Te estás aprovechando! -Me grita la Carla mientras se acerca.
(Es cierto, muy hijo de puta habrá sido al comerse a tu mina, pero este hueón tiene 16 y tú 24)
Además es un enclenque y yo un montón de fibras ejercitadas.
Además es un enclenque y yo un montón de fibras ejercitadas.
(O de esteroides... Y esquivó tu golpe, no te olvides de eso)
Eso fue sólo suerte. -Concluyo.
-No importa que edad tenga este infeliz. Cuando te metes con la mina de alguien te conviertes en todo un hombre.
Me abalanzo sobre el Benja, aprovechándome a sabiendas de las circunstancias, como un león a su muy inferior gacela... y sólo… para recibir la golpiza de mi vida.
El infeliz sabía karate.
Yazgo inmóvil sobre el cemento. La pequeña multitud que habíamos logrado atraer se retira riendo. No puedo moverme y no veo a nadie alrededor, tampoco a la Carla ni al Benja, se fueron de seguro.
Es como una mala película de Karate kid, pienso, aún extendido sobre el asfalto. Momento, es como una mejor: Esta vez Daniel San le da su merecido al malo, como siempre lo hace, y encima se come a la mina de éste... ¡Mierda! ¡Yo soy el malo musculoso y sin cerebro en esta película!
(Que buena comparación)
-Vaya golpiza que te dieron. -Levanto la vista y veo otras piernas y un calzón que desconozco; esta vez un colaless fucsia que se me insinúa apropósito. Es la Jose.
-En serio, nunca había visto algo así. Ese Benja tiene que ser cinturón negro o algo.
-Jódete.
-Vaya que eres tonto, si te vengo a ayudar.
Me da la mano y me ayuda a ponerme en pie. Me abraza fuerte.
Eso fue sólo suerte. -Concluyo.
-No importa que edad tenga este infeliz. Cuando te metes con la mina de alguien te conviertes en todo un hombre.
Me abalanzo sobre el Benja, aprovechándome a sabiendas de las circunstancias, como un león a su muy inferior gacela... y sólo… para recibir la golpiza de mi vida.
El infeliz sabía karate.
Yazgo inmóvil sobre el cemento. La pequeña multitud que habíamos logrado atraer se retira riendo. No puedo moverme y no veo a nadie alrededor, tampoco a la Carla ni al Benja, se fueron de seguro.
Es como una mala película de Karate kid, pienso, aún extendido sobre el asfalto. Momento, es como una mejor: Esta vez Daniel San le da su merecido al malo, como siempre lo hace, y encima se come a la mina de éste... ¡Mierda! ¡Yo soy el malo musculoso y sin cerebro en esta película!
(Que buena comparación)
-Vaya golpiza que te dieron. -Levanto la vista y veo otras piernas y un calzón que desconozco; esta vez un colaless fucsia que se me insinúa apropósito. Es la Jose.
-En serio, nunca había visto algo así. Ese Benja tiene que ser cinturón negro o algo.
-Jódete.
-Vaya que eres tonto, si te vengo a ayudar.
Me da la mano y me ayuda a ponerme en pie. Me abraza fuerte.
(Y a ésta ¿qué le picó?)
-Te estuve viendo todo el rato desde lejos. Creí que podías necesitar ayuda. Así fue.
-¿¿Lo sabías??
-¿Que era karateca? Sí... o sea, recuerdo haberlo visto una vez con traje en el centro... pero no creí que fuera para tanto... te habría prevenido, de haberlo sabido. -Se ríe cada vez más fuerte-.
La quiero matar, este infeliz tiene que haberme lastimado las costillas: este dolor que siento no es normal.
-Vamos. -Me dice.
-¿A dónde?
-¿A dónde más? -Me pregunta asombrada-. A beber.
-Te estuve viendo todo el rato desde lejos. Creí que podías necesitar ayuda. Así fue.
-¿¿Lo sabías??
-¿Que era karateca? Sí... o sea, recuerdo haberlo visto una vez con traje en el centro... pero no creí que fuera para tanto... te habría prevenido, de haberlo sabido. -Se ríe cada vez más fuerte-.
La quiero matar, este infeliz tiene que haberme lastimado las costillas: este dolor que siento no es normal.
-Vamos. -Me dice.
-¿A dónde?
-¿A dónde más? -Me pregunta asombrada-. A beber.
(Me encanta esta mujer. Tal vez no sea mala idea que te la tires)
-Espero que no vuelvas a intentar golpear al Benja otra vez. -Me replica preocupada.
-Por supuesto que lo haré. -Le respondo mientras me seco la sangre de la cara con la manga y mientras me aferro a ella, increíble pero estoy cojeando-. Eventualmente le sacaré la chucha.
Emprendimos camino hacia el bar más cercano.
Ya bebiendo cerveza, sentados, la Jose retoma la conversación.
-Deberías olvidarte de la idea, dejarlo todo como está. –Parece insistir con una empatía que no me termino de creer.
-No puedo. Tengo un montón de motivaciones para sacarle la chucha, y ninguna para no hacerlo...
La Carla calla y piensa brevemente, tararea (Eso hacen las mujeres cuando piensan).
-Si te portas bien podríamos hablar lo del sexo casual de nuevo... Por mi parte, podrías tenerme cómo y cuándo quisieses.
(...Me parece una buena motivación)
...A mí también.
-Espero que no vuelvas a intentar golpear al Benja otra vez. -Me replica preocupada.
-Por supuesto que lo haré. -Le respondo mientras me seco la sangre de la cara con la manga y mientras me aferro a ella, increíble pero estoy cojeando-. Eventualmente le sacaré la chucha.
Emprendimos camino hacia el bar más cercano.
Ya bebiendo cerveza, sentados, la Jose retoma la conversación.
-Deberías olvidarte de la idea, dejarlo todo como está. –Parece insistir con una empatía que no me termino de creer.
-No puedo. Tengo un montón de motivaciones para sacarle la chucha, y ninguna para no hacerlo...
La Carla calla y piensa brevemente, tararea (Eso hacen las mujeres cuando piensan).
-Si te portas bien podríamos hablar lo del sexo casual de nuevo... Por mi parte, podrías tenerme cómo y cuándo quisieses.
(...Me parece una buena motivación)
...A mí también.
julio 15, 2009
Julio
-Al principio la quería, de hecho sus cuentos me gustaban caleta. Era divertido porque en sus tallas siempre nombraba algo relacionado con sus cuentos, o a veces fingía ser un personaje de ellos.
“Cuando la loca –haha, perdón por ser tan explícito- no se daba cuenta y los contaba, como te decía, al principio era chistoso, pero después se puso cuática y autorreferente. Después de un mes estando juntos, le dije que era chistoso y todo, pero que no podía pretender hacer su vida en base a cuentos, que nuestra realidad no se parecía mucho a ellos. No me pescó mucho.
“Luego empezó a hablar de sus amigos mafiosos, de que le habían ofrecido ‘apoyarla’ (así dice ella que le decían) si es que los necesitaba. Ella les había contado que había un hombre siguiéndola, y que a veces una mujer lo acompañaba, pero era chama. De hecho una vez estábamos en pleno acto y la llamaron al celu; ella contestó y tuvo una conversación media rara con un tal Cuminao. Después me contó que el Cuminao manejaba todo el narcotráfico de Temuco y tenía una oficina en la Universidad. Yo, de curioso, le revisé el celular, pero la llamada era del 103… las típicas propagandas.
“Cuando cumplimos dos meses, le dije nuevamente que la cortara. Ella dijo que todo lo que me decía era real. Decidí irme a vivir con ella por una semana, así como para ver si era cierta la hueá o no.
“Un día de aquella semana, la encontré mirando por la ventana del baño. Justo daba hacia un terreno que estaba vacío, donde tiraban escombros. Ella me dijo que estaba el tipo mirándola desde ahí. Yo miré y no vi nada, entonces ahí caché que estaba media loca.
“Dos días después me fui de su casa y me encontré con una amiga de ella. Le comenté lo que estaba pasando y me contó que se había alejado de ella por lo mismo. Por ahí, hablando con un amigo, me dijo que debería llevarla a un doctor.
“La llevé, pero el doctor no le encontró nada, dijo que estaba sana. Decidí dejarla porque ya no la soportaba más. Quizás era nuestro humor el distinto.
“Con el tiempo supe que la habían internado en el psiquiátrico. Igual la quise, así que de vez en cuando la visito.
- Vamos, Julio. Es hora de comer – Julio y la enfermera se pararon- ¿Y? ¿Te vino a ver tu novia?
- ¡Pero Chalita! Tú sabes que soy yo el que va a verla.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





